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La práctica y estudio de las Artes Marciales por parte de la mujer, si bien de forma muy puntual, se remonta a los orígenes mismos del Budo. Este hecho diferencial cuantitativo sigue aún hoy en día manteniéndose, aunque en proporciones mucho más cercanas entre ambos géneros afortunadamente.
La mujer está dotada de unas condiciones morfológicas, anatómicas y mentales que, generalmente, llevan a sus practicantes a conseguir un nivel técnico muy elevado en el plano Marcial y en la maestría de su arte en particular, generando unas elevadas cualidades docentes entre aquellas que posteriormente se dedican a su plano pedagógico.
El presente artículo pretende reflexionar sobre otro tipo de prácticas orientadas a la mujer derivadas de las Artes Marciales. Se trata, en este caso, de la difusión y acercamiento de procedimientos específicos -de tipo preventivo y psicológico mayoritariamente, y muy necesarios dados los tristes sucesos de agresiones a las que se ven sometidas últimamente las féminas en nuestro país con cifras alarmantes de los mismos- orientados a la Defensa Personal Femenina, y no de su profundización en el conocimiento. Estos acercamientos pretenden ser un buen compendio de propuestas y sugerencias a seguir en este campo, y suelen realizarse mediante cursos de duración variable, que pueden llevarse a cabo en varias sesiones. En muchas ocasiones, éstos han despertado el interés y la motivación de mujeres que han continuado posteriormente con el estudio y práctica de algún Arte Marcial en concreto, actuando como un estárter emocional y permitiendo a las mismas descubrir nuevas formas de vida más allá de la praxis de su ejercicio. |